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La sostenibilidad como estrategia empresarial

Son muchas las empresas que se han decantado por la sostenibilidad los últimos años; desde las grandes corporaciones multinacionales hasta las pequeñas startups. No tiene sentido preguntarse ese auge de ser ético con el medio ambiente ya que las ventajas son cuantiosas y además supone una adaptación a un futuro, no tan lejano, en el que los recursos actuales cada vez serán más escasos y menos rentables.

Ser sostenible implica tener un equilibrio entre el ámbito económico, social y ambiental de la empresa. Un negocio es sostenible cuando cumple con el crecimiento económico teniendo en cuenta la protección del medio ambiente, mantiene un reparto de los recursos y de la participación de forma equitativa y su proyecto contribuye a un bienestar más saludable.

Beneficios de una estrategia de sostenibilidad

Las ventajas que conlleva definir una estrategia sostenible en tu empresa abarcan varias áreas que van desde el plano económico al aspecto más enfocado al marketing y de imagen de la misma.

Productividad y costes: aunque las acciones que tienen un mayor impacto externo también suponen un coste interno en su implementación, esta inversión originará resultados a largo plazo. Por ejemplo, ser eficientes con una estrategia de optimización del esfuerzo y la conservación de los recursos como el agua y la energía suponen una reducción de costes para la empresa que, a corto plazo puede parecer pequeña pero notable anualmente.

Imagen de marca: todas las grandes marcas llevan años apostando por estrategias sostenibles y esto es porque cada vez más clientes se fijan en los valores de la marca antes de comprar. Según algunos estudios, en el estado, el 33% de los consumidores eligen marcas sostenibles. Eso sí, los consumidores cada vez se fijan más en la coherencia de la propia empresa por lo que penalizan a las compañías que realizan el llamado “greenwashing” o “falsa sostenibilidad”; empresas que realizan algunas acciones que promueven comportamientos a favor del medio ambiente pero que, en el fondo, siguen manteniendo un sistema poco ético con el mismo.

Atractivo: la sostenibilidad no solo atrae a clientes sino que también atrae a futuros empleados e inversores. El respeto con el medio ambiente por parte de una empresa atrae a trabajadores de calidad con la misma filosofía que la empresa necesita y, según algunos datos, casi la mitad de los inversores no invertirán en una empresa que tenga un pobre historial de sostenibilidad.

Oportunidad de negocio: como comentábamos, sumando todas las ventajas de tener un planteamiento sostenible en tu empresa, es más fácil acercarse a clientes que nunca recurrirán a tu empresa si no es ética con el medio ambiente. Además, disponer de una Memoria de Sostenibilidad o un Plan estratégico de Responsabilidad Social Corporativa puede suponer un plus a la hora de presentar los servicios de la empresa a concursos públicos y otras licitaciones.

Sin embargo, una empresa no puede ser sostenible de la noche a la mañana. Requiere de un largo proceso de transformación con una estrategia de sostenibilidad definida que implique planificar una serie de acciones meditadas que su fin sea aportar valor social, ambiental y económico.

Análisis de materialidad: Primero debemos realizar un diagnóstico de los temas que son más importantes para los stakeholders y así conocer qué aspectos económicos, sociales y ambientales son los más importantes por su impacto, positivo o negativo.

Objetivos y metas estratégicas: después definiremos cada uno de estos objetivos y metas de forma específica, medible, alcanzable, realista y marcaremos un plazo de tiempo en el que pueda realizarse.

Indicadores claves de desempeño: definiremos unos factores de sostenibilidad para determinar el progreso en cada tema material que hemos marcado, ir analizando su evolución y marcarnos una fecha concreta en la que finalizaremos.

Plan de ejecución: con todo lo anterior pasaremos al plan de acción en el que determinamos, para cada meta, acciones que realizaremos en etapas posteriores. Esto necesita de comunicación externa e interna del proceso, definición de responsabilidades entre todas las personas implicadas, asignación de recursos para ello e incorporar el cumplimiento de las metas en la evaluación de los implicados para que se sientan más partícipes.

Seguimiento periódico: una vez puesta en marcha la estrategia de sostenibilidad, deberemos realizar reportes periódicos (una vez al mes) para analizar la evolución del mismo. Para ello, también podemos recurrir a agentes externos que nos hagan de auditor de sostenibilidad.

Herramienta de gestión: para todo lo planteado anteriormente, un software de gestión de sostenibilidad puede ser la clave para tener organizado en el tiempo el registro de los indicadores de sostenibilidad.

Las empresas que más recursos han aplicado para enfocarse en la sostenibilidad en los últimos años han dado un paso de gigante hacia el futuro. El cambio climático y la escasez de recursos cada vez son más notorios y las compañías que estén preparadas para estos cambios tendrán una ventaja competitiva abismal con las que no realicen su transformación y que quedarán obsoletas.

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